Siento, luego trabajo.

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Muchas veces hemos escuchado la premisa de que si una empresa tiene a sus trabajadores/as satisfechos/as sus resultados serán buenos. Esta es una frase que se intuye cierta pero que si no se entra en detalle queda vaga y poco convincente, especialmente para aquellos directivos, jefas o empresarias cuyo estilo de liderazgo se basa en ordenar y no prestar mucha atención a las necesidades emocionales de sus empleados/as.

Los/as teóricos/as que han estudiado las emociones y los estados de ánimo han llegado a la conclusión de que existen muchas emociones, y prácticamente todos coinciden en que 4 serían como “las emociones o estados de ánimo más básicos y universales”. De ellas decimos que tres son “perturbadoras”; la ira, el miedo y la tristeza y una es “estabilizadora”, la felicidad. Dicho de otro modo, las tres primeras te hacen sentir desgraciado/a y la felicidad agraciado/a.

PUNTUALES O CONSTANTES

También están de acuerdo en que las emociones son reacciones puntuales (un enfado, unas risas cuando te explican algo divertido, llorar cuando ves una película triste…) mientras que los estados de ánimo son algo más duradero y profundo (una depresión, una persona con el “carácter agrio”, una persona que se siente bien con la vida…)

Las emociones ayudan a cambiar momentáneamente los estados de ánimo. Cuando estamos tristes por la pérdida de una persona, podemos sonreír al recordarla por su personalidad abierta y simpática o por rememorar un hecho en el que nos divertimos con ella, pero luego volvemos a nuestro estado de tristeza. De la misma manera podemos ponernos tristes al ver o conocer un suceso trágico como ver un accidente grave en la televisión, el conocimiento de la muerte de un ser cercano, etc., y luego podemos volver a nuestro estado de ánimo de felicidad o de bienestar.


No obstante, si las emociones de un tipo y los sucesos que las desencadenan nos martillean constantemente, por ejemplo nos enfadamos a diario por cómo me trata mi jefa en el trabajo, es muy posible que entremos en un estado de ánimo perturbador y constante, como puede ser un enfado crónico o una tristeza mantenida que se aprecia en todos los ámbitos de la vida afectando también las relaciones familiares y sociales.

La principal razón por la que existen las emociones, es para provocar comportamiento.

  • Comportamiento activo

A veces, las situaciones que hemos mencionado antes, donde los estados de ánimo nos perturban desencadenan acción, hacen que las personas tomemos decisiones y actuemos para cambiar las situaciones que las producen, de hecho, emoción viene de moverse.

En estos casos las emociones nos serían útiles, probablemente para esto. La ira nos moviliza contra lo que odiamos, el miedo nos hace huir de lo que lo provoca y la tristeza nos puede provocar acción para salir de ella. La felicidad por su lado, hace que las personas muestren convicción, decisión y no noten el cansancio o la monotonía a la hora de realizar tareas.

  • Comportamiento inactivo

En otros casos, el comportamiento que provoca es de parálisis, no somos capaces de movernos y nos quedamos “atrapados” en estos estados de ánimo por motivos a veces claros, a veces ocultos y frecuentemente asociados al miedo sobre “lo que pasará” o “lo que perderé” si actúo.

Así pues, las emociones tienen un papel clave en las personas, por lo tanto, también en ti y en tu entorno laboral. La única forma de cambiar tu realidad es entender cómo la creas, y en uRock estaremos encantados/as de poderte ayudar.

AUTHOR - Paula Saló

Abogada y con un master de Inteligencia Emocional aplicada a la gestión de proyectos en La Salle Barcelona, Paula es pura esencia concentrada, a día de hoy sigue necesitando emocionarse en cada cosa que hace. Especialista en Inteligencia Emocional como herramienta de cambio; ¿Su secreto? Tratar a los equipos como seres humanos ayudando así a mejorar el rendimiento y su entorno profesional.

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